Creer en Santa Claus y en seres fantásticos y mágicos como los duendes y renos que vuelan por el cielo con un trineo a toda velocidad para entregar regalos a TODOS los niños del mundo, es el mismo tipo de pensamiento que se necesita para imaginar una solución al calentamiento global o una forma de curar una enfermedad, según Jacqueline Woolley, Profesora y presidente del Departamento de Psicología de la Universidad de Texas en Austin.

“ESTE TIPO DE PENSAMIENTO, QUE COMPROMETE LA FRONTERA ENTRE LO QUE ES POSIBLE Y LO QUE ES IMPOSIBLE, ESTÁ EN LA RAÍZ DE TODOS LOS DESCUBRIMIENTOS E INVENTOS CIENTÍFICOS, DESDE LOS AVIONES HASTA INTERNET.”

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La imaginación de un niño explora mundos donde todo es posible con un poco de polvo de hadas.

Santa Claus les ayuda a los niños a creer en algo que no pueden ver o tocar. 

A lo largo de su vida, tendrán muchas oportunidades para creer en cosas que no pueden medir o incluso sostener en sus manos, como el amor, la bondad y la amistad.

 

Pero no todo es magia, creer en Santa Claus también ejerce habilidades de razonamiento deductivo de los niños y su uso de la evidencia, por ejemplo, los juguetes debajo del árbol, la desaparición de galletas y leche que le dejaron en la noche, es evidencia y testimonio de su existencia.

 

 

En algún momento, cerca de los 7 años, los niños se volverán súper científicos, y empezarán a obtener testimonios, pruebas y experimentos para comprobar la existencia de Papa Noel.

 

 

¡Querrán resolver el acertijo!

Y aunque el pensamiento mágico puede disminuir entre las edades de siete y nueve años, no desaparece para siempre.

A veces los adultos también necesitamos un poco de magia en nuestras vidas, buscamos un destello de renos a través de la ventana, o tomamos polvos mágicos para adelgazar.

SER MAMÁS Y PAPÁS NOS DA LA OPORTUNIDAD DE VIVIR Y REDESCUBRIR LA MAGIA DE SANTA CLAUS DE NUEVO (O POR PRIMERA VEZ)...
TANTO COMO NOS LO PERMITAMOS.

Tal vez la lección más importante de Santa Claus o Papá Noel como tu prefieras llamarle, sea reconocer la magia que hay en nuestras vidas.

Definitivamente Santa Claus, más allá de los regalos debajo del árbol, y los dulces en las botas de tela, dejará en nuestros hijos recuerdos de su infancia que serán muy reales por siempre.

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