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Llevamos más de seis meses viviendo en confinamiento por el Coronavirus COVID-19, lo que ha significado un gran número de cambios y ajustes en todas las esferas de nuestra vida. 

 

 

Desde entonces estamos obligados, de preferencia y por autocuidado, a hacer home office y a que los niños y adolescentes tengan clases desde casa.

 

 

Una emoción constante que gran parte de la gente hemos sentido ante esta realidad es mayor ansiedad y depresión

 

El estrés es una reacción normal que tenemos todos cuando sentimos una amenaza real o imaginaria. Pero cuando la amenaza se mantiene en el tiempo, como la presencia del coronavirus, se puede convertir en ansiedad.

Nuestra vida como la conocíamos ha cambiado drásticamente.

¿CUÁLES SON LOS SÍNTOMAS DE LA ANSIEDAD?

Nuestro cuerpo habla por nosotros. No podemos perder de vista que somos un todo: mente-cuerpo-emociones. Incluso, si no queremos reconocer u observar nuestras emociones, hay síntomas que nos alertan para pedir ayuda.

 

Los síntomas que nos permiten reconocer la ansiedad pueden ser: temblor en alguna parte del cuerpo, palpitaciones, dolor de cabeza, insomnio, cambios en la alimentación (comer de más o de menos), mareos, y en casos más intensos, dolor en el pecho y dificultad para respirar. A muchos nos ha dolido la cabeza cuando estamos estresados. Y pasa en poco tiempo. 

 

Pero si esos síntomas interfieren con nuestro día a día, y pasan los días sin que veamos mejoría, o bien, los síntomas son más intensos, es momento de llamar a un especialista en salud mental y emocional, para que nos apoye con herramientas para sentirnos mejor.

¿Y LA DEPRESIÓN?

Lo mismo sucede con la tristeza. Si nos sentimos con poca energía, cansados, desanimados, pero pasa en poco tiempo, era tristeza y es normal. 

De hecho, es esperado sentirnos tristes ya que hemos perdido muchas cosas que nos hacían bien, como ver amigos, trabajar, salir a la calle. ¡En fin! 

Nuestra vida como la conocíamos ha cambiado drásticamente, y sentirse triste es esperado. 

 

Pero si notamos que pasan las semanas y cada vez nos sentimos más desanimados, sin ganas de hacer nada, podría tratarse realmente de una depresión. Escuchar el lenguaje de nuestro cuerpo es esencial, así como buscar apoyo de manera oportuna. 

Echarle ganas no siempre es suficiente.
Escucha a tu cuerpo y busca apoyo de manera oportuna.

La pandemia del coronavirus nos ha obligado a todos a desarrollar nuestra habilidad de adaptarnos rápidamente a los cambios. 

 

Las recomendaciones que nos hacían en un inicio no son las mismas que debemos seguir ahora. Hay indicaciones que nos confunden y en lugar de darnos confianza, nos podemos llegar a sentir perdidos.


Creo que el término “nueva normalidad” es muy atinado. 

 

Poco a poco nos hemos acostumbrado a hacer todo de una nueva manera. Buscamos estar cerca, estando lejos. Buscamos trabajar, sin ir a la oficina o consultorio. Tomamos clases, sin ver a nuestros compañeros o maestros. Salimos solos al súper, o pedimos la comida a la casa. 

 

Ver a alguien implica sentir que existe una amenaza contra nuestra salud, y nos alejamos físicamente. Nos tapamos la cara con cubrebocas. 

 

Nunca había tenido tanto sentido la frase de que los ojos dicen más que las palabras.

Vivir con la sensación de amenaza constante hacia nuestra vida o a la de nuestros seres queridos ha hecho que todos sintamos miedo

 

Y no vemos a nadie, o los vemos poco, y esto puede hacer que nos sintamos solos

 

Ya nada es como antes. Es cierto. Pero también es verdad que que todo cambia. Todo evoluciona. Si hay algo que no deja de sorprenderme es la habilidad que tenemos de aprender a vivir de una nueva manera. 

 

Lo hemos hecho antes, y lo podemos seguir haciendo. 

 

Es esperado que nos cueste trabajo adaptarnos. Pero no estamos solos en esta “nueva normalidad”: personas cercanas a nuestros corazón, y también, profesionales de la salud. 

 

Hagamos una nueva rutina. Ensayo y error. Démonos permiso de no saber qué hacer. Tomar una pausa. Respirar. Cerremos los ojos y toquemos nuestro corazón con una mano para recordar qué nos gusta hacer, qué nos trae paz. 

 

Cultivemos nuestro amor propio y muy importante, el auto-cuidado. Solo estando bien nosotros, podemos apoyar a otros. No dudemos en pedir ayuda.

Esta situación de pandemia que vivimos hoy, nos da un gran regalo: encontrar fortaleza dentro de nuestra vulnerabilidad. Pues es a través de reconocernos vulnerables, que podemos conectar con nosotros mismos, y con los demás. 

 

Vivir un proceso donde no sabemos qué hacer y nos sentimos estresados o tristes es normal. 

 

Poco a poco podemos buscar nuevas formas de vivir y de seguir teniendo las cosas lindas de nuestra vida.

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CUÉNTANOS ¿QUÉ OPINAS?

Soy una persona a la que le encanta estudiar y estar en constante capacitación, para ayudar a mis pacientes de la mejor manera. 

Disfruto mucho de trabajar con adolescentes y adultos, para ofrecerles herramientas de manejo emocional, y apoyarlos a entenderse mejor, tomando decisiones sanas. Me gusta leer, bailar e ir a la playa.

Miembro de CENTRO ATIN, un grupo médico mexicano enfocado en la persona como un todo: mente-cuerpo y emociones.

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