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Esta es una pregunta que recibo constantemente en mi consulta: ¿Cómo conectar con mi hijo? 

 

Y es que sin importar la edad de nuestros hijos y cuanto los amemos, la conexión con nuestros hijos no siempre está presente.  

 

Esto, además de generar un distanciamiento afectivo que es doloroso para todos los involucrados, de una forma u otra, provoca conductas poco deseables en nuestros pequeños, pues no saben cómo lograr ese encuentro amoroso que tanto anhelan con sus padres y pareciera que sólo tienen éxito en conectar a través de comportamientos confrontativos.

 

Comencemos por acordar qué queremos decir aquí con esta palabra mágica para las relaciones humanas: “conectar”.

¿QUÉ SIGNIFICA CONECTAR CON NUESTROS HIJOS?

Desde el ámbito emocional, la conexión implica la posibilidad de “sintonizar”, esto significa ser EMOCIONALMENTE SENSIBLES a nuestros hijos

 

 

Usualmente creemos que siempre somos empáticos con ellos. Y aunque hay situaciones en las cuales sí lo somos naturalmente, hay muchas otras en las que nuestra forma de percibir el mundo desafía la posibilidad de desear comprender y respetar la experiencia individual de nuestros pequeños, y no lo logramos.

Si ellos están molestos porque es momento de irnos de la fiesta de cumpleaños de su amigo favorito, quizá después de un par de intentos amorosos por salir de dicha fiesta, el tercer intento dejará de ser amoroso.

 

Reclamaremos al pequeño que “no tiene suficiente” después de haber estado ahí por más de 4 horas seguidas, incluso este discurso puede cerrar con una especie de castigo impuesto al niño.

 

Es muy probable que en ese momento estemos ciegos a nuestras propias reacciones. 

 

Pero si lo piensas detenidamente, te darás cuenta que seguramente como adultos, hemos vivido múltiples ocasiones en que nuestro deseo de prolongar alguna experiencia, nos ha llevado más allá de las buenas prácticas, y en lugar de poder tocar con este lugar interno que nos podría ayudar a conectar con la emoción de nuestro hijo, la negamos y esperamos que nuestro pequeño tenga un comportamiento mucho más centrado que el del más responsable de los adultos.

Cuando hago este tipo de observaciones durante una consulta, los padres usualmente se van al extremo creyendo que lo que esto significa es que entonces el niño hará siempre todo “lo que quiere”. 

 

Lo anterior solo nos señala cómo caemos en los extremos; o es lo que quiere el niño, o lo que quieren los padres olvidando que en medio de ambas hay una gama de posibilidades. 

 

Reconocer en nosotros la experiencia, es decir; empatizar y por lo tanto CONECTAR, permite darle un lugar a la emoción del niño.

Al conectar con tu hijo o hija, si siente frustración y enojo porque tiene que retirarse de la fiesta, su emoción no sólo podrá ser respetada, sino que también será posible para los padres acompañarle en su proceso emocional mientras van camino a casa y tendrá un espacio para elaborar adecuadamente las emociones a las que hace frente. 

 

Y es así como en realidad cultivamos no sólo la conexión, sino también la auto-regulación emocional. Nuestros hijos estarán entonces aprendiendo herramientas sumamente valiosas para toda la vida.

Conectar con nuestros hijos implica cercanía, proximidad, que nuestros pequeños sepan que somos un espacio abierto para ellos. 

 

No sólo en el ámbito físico, también en el emocional. 

 

Incluso si se trata de una experiencia que nos cuesta trabajo comprender, poder preguntarnos de manera auténtica y amorosa qué es lo que en realidad está sucediendo dentro de la experiencia de nuestros hijos, nos abre las puertas a la empatía, el respeto, y en el mejor de los casos, la comprensión.

 

Como lo expresa el autor Dan Siegel*, cuando hay conexión, el niño se “siente sentido” y esto hace toda la diferencia. 

 

La conexión es profundamente poderosa, tiene el potencial de llevar al niño “de la reactividad a la receptividad de manera muy rápida, por lo tanto, del caos a la calma”.

 

Aprendamos junto con nuestros hijos a cultivar la calma.

“Disciplina sin lágrimas”, Dan Siegel, 2015, D. Ediciones B.

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Erika de Urquijo se especializa en psicoterapia del vínculo entre padres e hijos, y en el acompañamiento terapéutico durante el embarazo y postparto.  Ayuda a sus pacientes a lograr mejores relaciones con sus hijos, conectar con ellos, lograr una crianza saludable para ser la mejor versión de la mamá o papá que cada uno quiere ser.

 

 

Es miembro de CENTRO ATIN, un grupo médico mexicano enfocado en la persona como un todo: mente-cuerpo y emociones.

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