S.O.S. ¿Qué hacer en caso de un berrinche?

Imagina esta escena:

está difícil… pero inténtalo:

Tu hijo/hija acaba de montar en furia porque no le compraste un dulce (un juguete, o lo que tú quieras, no se quiere ir del parque, lavarse los dientes, no se quiere dormir… etc), hace un berrinche enooooorme, se tira al piso, avienta todo, grita, te dice que no te quiere y encima de todo zaz… te suelta una patada…

¿¿¿Qué???  ¡No! ¿Cómo? ¡Eso nunca pasa…! 

 

No estás sola
¡Te vamos a pasar una técnica que nos funcionó perfecto!

La pregunta de todos es: ¿Qué le pasó a mi bebe? ¿Cuándo se convirtió en este Gremlin? Y ¿qué hago? Porque claro, a todos (a menos que seas un maestro Zen) nos altera, no solemos ir por la vida recibiendo gritos y sombrerazos, y mucho menos patadas.

 

Y nuestra siguiente pregunta es:  ¿Tu cómo reaccionas? ¿Qué haces?

Para hacerlo más fácil, te ayudamos con algunas opciones ya conocidas, en este pequeño test de opción múltiple, para que te puedas explayar:

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¡Te tenemos buenas noticias!

No eres la única, ni el único al que le han pasado por la mente o incluso aplicado una o varias de estas soluciones.  

Y aunque no lo creas ¡HAY LUZ AL FINAL DEL CAMINO! 

En este artículo te presentamos una GRAN opción y herramientas súper amorosas y respetuosas que te van a servir toda la vida, y no, no involucran una nalgada, un castigo, tiempo fuera, un grito, ni un regaño maestro de esos que luego nos hacen sentimos terribles personas. (Si no te ha pasado… cuéntanos tu historia, ¡¡queremos conocerte!!) 

Susana Sánchez Pinto, mamá de dos hijos maravillosos que ya pasaron por “los terribles 2”, 3… 4, y la adolescencia (uf.. la adolescencia, ya llegará mamás, y esto nos va a ayudar), y la creadora de Amarte Escuchando, lo explica así, y en verdad es mágico.
¡Ya lo probamos y sí funciona!

Lo que acaba de pasarle a tu hijo, fue que ante alguna frustración externa o interna, tuvo un deshago intenso de un sentimiento, en este caso enojo (pero ponle la emoción que quieras, tristeza, miedo, desesperación, etc).

Y lo que acaba de pasarte a ti, es que acabas de ver en tu hijo una emoción que te hace sentir incómoda o incómodo, y no sabes que hacer, probablemente porque cuando tú mismo tienes una emoción que no te gusta (enojo, tristeza, miedo, angustia, etc), tampoco sabes qué hacer, más que tratar de no sentirla.

NORMAL. El mecanismo que hemos aprendido desde niños para defendernos de los sentimientos dolorosos (y a veces los placenteros), es tratar de ignorarlos y suprimirlos.

Te tenemos una noticia:

¡Eso mismo estamos enseñando a nuestros hijos!

Cuando mandas a tu hijo a su cuarto para que se calme (o aplicas cualquiera de las respuestas del test) La pregunta que probablemente no te estás haciendo es ¿Y cómo se va a calmar? ¿Qué herramientas tiene para regresar a su centro solo?

Tal vez la herramienta que encuentre más rápido sea reprimir con todas sus fuerzas el sentimiento que no te gusta, y lo más rápido posible, para poder “calmarse”, regresar a tu lado y recuperar tu amor.

Suena súper triste ¿no? 

Lo peor es que en el fondo tú sabes que esta técnica (negar, ignorar, suprimir, ocultar o despreciar las emociones) no hace que desaparezcan, al contrario, de todas maneras va a salir y va a manifestarse de otras maneras.

Aunque tratemos de ignorarlas, son ellas, y no nuestro intelecto, las que nos guían en momentos donde nos enfrentamos a situaciones difíciles, desafiantes o muy importantes para nosotros, y por eso es tan importante aprender a manejarlas. Bueno para no ir más lejos, hasta en una entrevista de trabajo, si la  emoción es suficientemente intensa, puede opacar al intelecto y echarla a perder.

Las emociones de nuestros hijos, y las nuestras por supuesto, tienen un poder extraordinario,  tanto que pueden definir tu vida.

¿Cuántas veces en tu cabeza tenías clarísimo que no valía la pena llorar por tu ex, y no pudiste dejar de llorar por más tiempo del que te hubiera gustado? ¿Cuántas veces el miedo te ha paralizado aunque entiendas que lo que te asusta no es “lógico”? ¿Cuántas veces la angustia te ha desarmado por completo?

Y la pregunta obligada es ¿no te gustaría que tus hijos tuvieran mejores herramientas y pudieran reaccionar mejor, con más tranquilidad y más enfocados?

¡Claro! A todos

“Cuando aprendemos a reconocer nuestras emociones como nuestra propia energía, nos transformamos de objetos en sujetos.”
Pensamiento Taoísta

Lo que queremos lograr aquí, son dos cosas:

1

Que nuestros hijos tengan, (hoy y cuando sean adultos) herramientas para que puedan enojarse sin que salgan a golpear e insultar a todo el mundo, que puedan estar tristes sin que la tristeza los deprima, que puedan sentir miedo sin que este los paralice, que puedan estar felices y que lo disfruten al máximo. En resumen que tengan herramientas para ser capaces de lograr un equilibrio, aunque tengan una emoción súper intensa, y que no sea la emoción la que los maneje a ellos, utilizar su inteligencia para resolver lo que se les presente, en el día a día, y en situaciones emocionalmente importantes para ellos.

2

Y aprender qué hacer como papás, para poder sembrar en nuestros hijos la posibilidad de pensar antes de actuar, y ayudarlos a lograr que las emociones no opaquen su inteligencia.

Esta es una oportunidad enorme que tenemos como padres, para cambiar la historia con nuestros niños, que aprendan a sentir sus emociones, aceptándolas (aunque no nos resulten cómodas a nosotros), y que puedan utilizarlas como materia prima de su propio crecimiento y su felicidad.

Síguenos con esta idea:

Si durante un berrinche nos quedáramos acompañando y escuchando, como testigos de una manera amorosa (sin dejar que nos lastime, se lastime a sí mismo, o a alguien más), lo que pasaría después, es que el niño terminaría el desahogo de la emoción, se levantaría como si nada y listo…

Y nosotros los papás nos quedaríamos con “cara de what”, pensando: ¿Osea ya?

Lo que hacen los niños, según Susana, es una acción natural, inteligente y muy sanadora, al sacar de su sistema aquello que los desequilibra, se libran de la emoción, y ahora pueden pensar con claridad y seguir adelante con sus actividades.

Como adultos tenemos que reaprender a hacerlo, pero los niños lo hacen naturalmente

¿Qué podemos hacer cuando nuestro hijo tiene una emoción intensa?

ESCUCHARLOS

Ayudarles a sentir la emoción y desahogarla.

Recuerdas cuando en una reunión le contaste algo que te enojaba muchísimo a alguien cercano, y esta persona te dijo “No te enojes, no es para tanto”, o “Creo que estás exagerando”, te interrumpió, te dió consejos, te contó una anécdota parecida de algo que le pasó, o no pudo con eso y se fué.

¿Sentiste que te escucho? ¿Te pudiste desahogar? ¿Te sentiste mejor? ¿Resolvió tu sentimiento?

¡Exacto!

Cuando alguien realmente te escucha, te da la oportunidad de hablar, en un espacio sin interrupciones, sin decirte qué hacer ni juzgarte, y reconoce tu dolor, en lugar de negarlo o ignorarlo, te está ayudando a procesar, a sentirte menos confundido y alterado. Y entonces puedes desahogar y expresar la emoción, ya puedes darle nombre a eso que sientes, y tener claridad para pensar.

Lo mismo le pasa a un niño, y tú eres lo más cercano que tiene. Los niños necesitan que los comprendamos, no que solucionemos sus problemas. Escuchar a un niño (o a un adulto) requiere un flujo constante de atención, para que pueda desahogar la emoción de manera segura, sin juicios y calificativos.

Cuando ESCUCHAMOS a nuestros hijos le estamos ayudando a sentir y a manejar sus emociones para que no las bloquee, que pueda al mismo tiempo regular sus respuestas y a recuperarse de cualquier situación.

Estos pasos prácticos te pueden ayudar a poner en práctica esta técnica:

RESPIRA Y:
  1. Date cuenta que lo que está pasándole a tu hijo es importante para él o ella.
  2. No te lo tomes personal (por más difícil que sea), cambia tu chip en ese momento para que puedas estar tranquilo y cómodo con sus sentimientos. Lo que quieres lograr es que tu hijo pueda tener una catarsis intensa, sin que a ti te pase nada, para que pueda sostenerse de ti.
  3. Cuando escuches a tu hijo debes estar en silencio y atenta y sin juzgar.
  4. Espera a que termine de desahogarse, y ayúdale a traducirle lo que está sintiendo, es tu hijo el que debe indicar cuando termina el desahogo.

¡Pruébalo y cuéntanos cómo te sentiste!
¿Qué cambios viste?

desahogo-momadvisor

¡Oigan! Pero ¿Y qué hago con los golpes?

Dejar que se desahogue no significa que pueda ir golpeando y destruyendo lo que se le atraviese. Tu debes re-direccionar las acciones que vienen acompañadas de la emoción para que no se lastime, destruya o dañe a sí mismo o a los demás: “no puedo dejar que me pegues a mí pero si puedes pegar en el colchón”, “no puedes romper este libro, si puedes romper estos papeles”, darle herramientas y salida a las emociones, para que pueda desahogar lo que está sintiendo de manera segura, y recuperar el equilibrio.

Susana nos contará más pasos súper prácticos y frases útiles para escuchar efectivamente a nuestros hijos, y los beneficios que obtienen de nuestras propias reacciones, en los siguientes artículos, que subiremos muy pronto.

Susana estudió Psicología, y cuando nacieron sus hijos buscó herramientas que le permitieran llevar una maternidad feliz, así fué como se formó como guía Montessori, y con los años encontró técnicas que pudieran ayudarle a criar a sus hijos con respeto y con amor, y así fué como fundó Amarte Escuchando, en donde hace talleres con mamás que quieren disfrutar su maternidad, y ser una inspiración y modelo para sus hijos desarrollando una relación de respeto, humana y responsable, construyendo una forma de comunicación consciente que fomente su inteligencia y el poder interior.

Me interesa saber más



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