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Existen algunas experiencias del post parto que no suelen compartirse con nuestra familia, ni con amigas cercanas, y mucho menos en redes sociales. 


Entre ellas está la inexplicable soledad que atravesamos las mamás en algunos (o muchos) momentos después de que nace nuestro bebé.


De pronto, nos encontramos viviendo una etapa abrumadora, desconocida y pareciera que el miedo es una parte inherente a ella.


Constantemente nos cuestionamos acerca de si lo estamos haciendo bien o no. ¡Todo parecía ser mucho más sencillo cuando lo leímos en algún libro!


El post parto y la maternidad en las redes sociales, en la televisión y en otros medios, es casi perfecta. Las mamás lucen increíbles (sus ojeras probablemente estén escondidas detrás de unos ojos bien maquillados) y no entendemos cómo, pero su cuerpo ya parece ser el mismo de antes.


Todo ello nos genera (tanto a las futuras como nuevas mamás) una expectativa poco real y al vernos inmersas en el panorama verdadero, es inevitable tener una sensación de no estar siendo lo suficientemente buenas. 

LA REALIDAD EN EL POST PARTO ES DISTINTA

Nadie nos dijo que lactar de madrugada -mientras todos duermen-, sería un momento tan solitario, nadie dijo que sería difícil lidiar con el agotamiento físico que queda después de atender las demandas de un ser que depende de nosotras al 100%.

 

Tampoco nos explicaron que cargaríamos con culpas por cualquier cosa o que nos desconoceríamos casi por completo; que nuestras sobre exigencias estarían a tope y cuanto dolerían las comparaciones o críticas.

 

Esto de criar en soledad, es relativamente nuevo. Hemos perdido la guía, el sostén y la transmisión de conocimientos que hasta hace unas épocas era algo normal, acostumbrado y culturalmente incluido en la etapa del post parto. 

Si alguien nos dijera que acompañadas es más fácil, que de la mano de otras mujeres se transita más sencillo, buscaríamos a nuestras tribus incluso antes de parir.

Vivir un post parto acompañado representa una de las mejores y más eficaces estrategias para mejorar la salud mental materna.

Un postparto acompañado permite que las experiencias de otras mamás sean nuestro estímulo, nos ayuda a reforzar y recordar eso que sabemos,  pero a veces olvidamos: cuidar de nosotras mismas es la mejor forma de amar a nuestros hijos.

 

La experiencia grupal cambia la sensación de autocrítica y juicio por comprensión e identificación.

 

Cuando compartimos  experiencias y emociones con personas que han vivido lo mismo que nosotras, podemos encontrar gran estabilidad emocional. 

 

Esta apertura contribuye a mejorar nuestra propia autoestima, y nos da oportunidades para rodearnos de otras mujeres “reales” en similares condiciones, borrando entonces percepciones de soledad.

 

Nos ayuda a reconocer que nuestras reacciones y las reacciones de nuestros hijos son normales; que los errores en la crianza no solo son normales sino necesarios, pues de ahí surgen nuestras mejores versiones.

 

No estamos hechas para hacer el posparto en soledad.

No sé quién o cuándo se nos dijo a las mamás que deberíamos poder con todo.

 

En el post parto pasamos mucho tiempo en la búsqueda de nosotras mismas. No somos la que éramos antes de embarazarnos, tampoco somos la mujer embarazada, simplemente no logramos reconocernos frente al espejo.

 

De pronto, un buen día después de un tiempo, nos damos cuenta de que ese tiempo y esfuerzo es mejor encaminarlo en nuestra reconstrucción.

 

El estar acompañadas, nos ayuda en ese proceso reconstructivo, pues logramos identificar ciertas cosas en nosotras al conocer la experiencia de alguien más que atraviesa lo mismo que yo.

 

Es importante saber que ese acompañamiento debe hacernos sentir respetadas, comprendidas y sobre todo NO JUZGADAS.

 

De lo contrario, la experiencia grupal no solo no estará cubriendo lo que requerimos emocionalmente en ese momento, sino que nos puede afectar de manera considerable.

 

El posparto es probablemente la etapa más dura de la maternidad y a veces, necesitamos esa palabra empática y compasiva que nos haga recordar que pasará, que el miedo se disipa, que la incertidumbre se vuelve autoconfianza, que la culpa se vuelve oportunidad, que la soledad se convierte en lazos fuertes con otras mujeres y que, como toda etapa, hay que abrazarla y dejarla pasar.

¿Crees que este artículo pueda ayudarle a una mamá en el posparto?
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Mariana Gutiérrez es Psicóloga Clínica con una especialidad en Psicología Perinatal. Se especializa en el acompañamiento terapéutico individual y grupal de mujeres en cualquier etapa de la maternidad. Mamá de una hermosa nena que llena su corazón de amor y enseñanzas todos los días.

Es miembro de CENTRO ATIN, un grupo médico mexicano enfocado en la persona como un todo: mente-cuerpo y emociones.

 

Da click aquí para conocer más de Mariana Gutiérrez y contactarla.

 

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